lunes, 4 de abril de 2011

Aprender del Sur

El río Lempa atraviesa de Norte a Sur El Salvador. Después de nacer en Guatemala, y discurrir unos pocos kilómetros por suelo hondureño, finaliza su recorrido en el Pacífico en una impresionante desembocadura salpicada de bosques salados de gran valor ecológico. Muy cerca de allí, en una pequeña población, hay un mercado semanal en el que se puede comprar pescado seco-salado extraído del río. Aparentemente no es más que eso: un simple pescado seco y salado, pero con una historia detrás.
En el año 2006 un pequeño grupo de pescadores se unió creando una cooperativa entorno a la construcción de una sencilla planta de procesamiento de pescado. Antes tenían que soportar el abuso de los “hieleros”, que imponían unilateralmente el precio de compra del pescado desde su posición de poder, por el mero hecho de ser quienes tenían la exclusividad de algo tan simple a nuestros ojos europeos, pero tan imprescindible, como el agua congelada que conserva y mantiene fresco por unos días el fruto de su trabajo.
Ahora son los miembros de la cooperativa quienes consensúan el beneficio de su esfuerzo, pueden disponer de anticipos para cubrir los imprevistos, renovar sus aparejos, reparar sus barcas y los especuladores del hielo se han quedado fuera de juego. Pero quizás lo más importante de todo: son concientes de que su futuro depende del empleo de técnicas artesanales de pesca y del respeto de vedas biológicas que permiten hacer sostenible su único medio de vida. Por sí mismos, ante la incapacidad o simple apatía del Gobierno y sin que exista una norma escrita, se han autoerigido como cuidadores de sus propias aguas, impidiendo que otros pescadores de la zona vulneren esas vedas. Incluso los deshechos orgánicos son tratados en la propia planta para ser convertid0s en pienso.
Las mujeres, que tradicionalmente vendían el pescado, han participado en un taller de capacitación en gestión de microempresas, lo que les permite una fuente de ingresos alternativa a la de sus maridos. Se han organizado para adquirir su mercancía en la planta de tratamiento por un precio que les permite márgenes de beneficio más justos y pueden disponer de crédito y anticipos. Actualmente existe una lista de espera para entrar a formar parte de la cooperativa de pescadores, para entrar a formar parte de esa “otra manera” de hacer las cosas.
Muy cerca de allí existe una pequeña isla llamada La Colorada. Una de las fuentes tradicionales de ingresos para muchas personas de aquel lugar ha sido la captura y recolección de huevos de las tortugas marinas que acuden a sus playas al caer la noche. Pero la excesiva presión en tierra y, sobre todo, las técnicas de arrastre de la pesca en alta mar han hecho que el número de ejemplares de la especie haya descendido preocupantemente.

Tortugas y ecoturismo
Hoy, los recolectores de la isla han recibido capacitación para realizar su actividad con la técnica adecuada de modo que, una vez recogidos, son llevados a la granja de tortugas construida en la misma playa recibiendo una cantidad de dinero por ello y los neonatos son liberados 24 horas después de su nacimiento. En 2010 se habrán liberado unas 100.000 tortugas. Además, un grupo de jóvenes locales ha recibido formación en ecoturismo, de modo que las personas que visiten la isla puedan concienciarse sobre la situación de esta especie y disfrutar del acontecimiento de contemplar un desove en plena noche.
Estos son algunos de los proyectos que el pasado septiembre pudimos visitar en El Salvador gracias al Curso de Cooperación en el Terreno. Hay lugares en los que las personas, las comunidades se están organizando para alcanzar un nivel de vida digno y, a pesar de disponer de medios muy limitados, están consiguiendo desarrollarse de una manera alejada a la que estamos habituados en los países que nos autodenominamos “desarrollados”. Quizás hemos olvidado, o mejor dicho, hemos permitido que deliberadamente nos hagan olvidar que a ese desarrollo puede llegarse por otras vías alternativas a las que suelen presentarnos como las únicas.
Ya de vuelta en España, aunque mi cabeza estaba todavía más allí que aquí, recordando los debates en clase con mis compañeros y nuestro monitor, las entrevistas con contrapartes, los momentos vividos en los albergues y en las horas y horas de busito, seguí buscando información sobre aquel pequeño gran país e introduje en un buscador de Internet las palabras “atunera española El Salvador”. La información que pude ver me confirmó la idea que me traje de allí: lo mucho que tenemos que aprender de aquellas personas.

Daniel Olmos
Participante en el CCsT
Guatemala-El Salvador

No hay comentarios:

Publicar un comentario