lunes, 4 de abril de 2011

Dinamitar la indiferencia




‘Historia de El Salvador. De cómo la gente guanaca no sucumbió ante los infames ultrajes de españoles, criollos, gringos y otras plagas’. Conocimos este libro el marco del CCsT de septiembre 2010. Fue editado en clandestinidad por el Equipo Maíz durante la guerra civil que asoló el país de 1981 a 1992 (que asoló más aún el país, sería lo correcto). Hoy he estado trabajando con él en el primer curso del Magisterio de las Escuelas Experimentales de Ushuaia. También hemos leído algunos pasajes de la novela ‘Un día en la vida’ del escritor salvadoreño Manlio Argueta (al que no la conozca se la recomiendo). Por la mañana, en la escuela de primaria de Los Calafates, a los niños y niñas del Grupo 4 (seis años) se les desencajaba la mandíbula de asombro al descubrir que aún había mayas vivos con los que poder charlar y pasear. Para ellos vino a ser como que venga un amigo y te diga que se ha ido de vacaciones con los romanos de Astérix y Obélix. Vimos pirámides, los pictogramas que representaban a las vocales, la numeración maya, hablamos del cero, de la rueda, de los Derechos Humanos y de la justicia. Joaquín Lautaro hizo un dibujo espectacular de los mayas llegando en canoas a un “castillo – pirámide – palacio” situado al borde del mar y me preguntó si yo creía que les gustaría. “¿A quién?”, pregunté. “Pues a los mayas”, respondió. “He puesto un super escudo de Derechos Humanos super protector encima de la pirámide”, agregó. También me hizo la observación, viendo las fotos del viaje en las que aparecen los participantes del curso, de que “algunos mayas se parecían bastante a mí”.
Volví a Ushuaia el 1 de octubre, tras pasar un mes como monitor del CCsT Guatemala y El Salvador. Aprendí y disfruté mucho en ese viaje. Aprendí y disfruté de mis compañeros de ACPP en terreno, de los participantes, de las contrapartes, de los beneficiarios y de Hernán (nuestro conductor y protector). Volví distinto, o tal vez no distinto pero sí revuelto. Regresaba a los confines del mundo con la necesidad de volver a la militancia activa y no tenía idea de cómo encajarlo viviendo a 100 kilómetros línea recta de la Antártida argentina. Ese curso tuvo en mí el mismo efecto que ese cigarrito que uno, de “sobrao”, se fuma después de 1 año y medio de “abstinencia”.
Margarita Posada, directora ejecutiva de APROCSAL, entre las muchas cosas que dijo, apuntó que “las injusticias matan pero nuestra indiferencia también”. Y esa indiferencia es justo lo que desde el área de Acción Social tratamos de dinamitar. Acabar con la indiferencia como vía para romper la perversa dinámica que tiene sometida a buena parte de la humanidad, a condiciones de vida injustas e indignas. Y hoy, mientras colgaba el dibujo de Joaquín Lautaro en la pared, con sus canoas, y su “palacio – pirámide – castillo” con el super escudo de Derechos Humanos super protector “on the top” lo recordé. Qué mejor sitio que la escuela para empezar a romper esa dinámica.

Cristóbal Suárez Artidiello
Monitor del CCsT
Guatemala-El Salvador

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