lunes, 25 de abril de 2011

Los Reyes Magos del Caribe

República Dominicana, ante todo, es un país de contrastes. Por un lado posee muchísimos recursos naturales que hacen de él un país muy rico, pero por otro, la corrupción política, la deuda externa y el mal aprovechamiento de estos recursos hace que un elevado porcentaje de su población cada día pase hambre. Sus parques naturales, sus paradisíacas playas, así como los numerosos productos de los que dispone el país, están siendo explotadas por macroempresas extranjeras que, además de hacerlo de una forma brutal para el medio ambiente, están haciendo que todos los beneficios vayan a parar fuera del país, haciendo que cada día aumente la diferencia entre los lugareños sin recursos y los adinerados dueños de dichas empresas.

Aunque parezca extraño, República Dominicana es mucho más que un país con playas de arena blanca y aguas azul turquesa. Es un país que poco a poco y con la ayuda internacional, está empezando a salir de ese hoyo en el que, por desgracia, se encuentran muchos países del mundo hoy día. Todas las semejanzas que nos unen con República Dominicana, tales como la lengua, la cultura o la forma de ver las cosas hacen de esta isla un lugar muy especial.

La agricultura es uno de los motores del país, sobre todo de las zonas más rurales, al igual que ocurre en España. Un gran número de los recursos que se dedican desde aquí a la Cooperación Internacional con este país, se destina a mejorar las condiciones y la productividad de los trabajadores rurales. Concretamente, uno de los proyectos que visité durante mi estancia en el país consistía en la mejora de las condiciones socio-económicas de un municipio de 1582 habitantes llamado Río Limpio. Dicho proyecto ya había sido llevado a cabo y los productores de café de la zona nos hicieron una demostración de lo que habían aprendido en las capacitaciones que formaban parte del mismo. La producción de café tras la finalización del proyecto había aumentado un 50% y cada uno de los caficultores, que ahora formaban parte de una cooperativa, ahora podían subsistir gracias al aumento de los ingresos que consiguen con la producción y comercialización de su propio café cultivado de una manera orgánica y respetuosa con el medio ambiente.

A pesar de que ya hace seis meses de mi vuelta de República Dominicana, es en estas fechas cuando más me vienen a la cabeza todas las vivencias que tuve en esa maravillosa tierra. Con tan sólo encender la televisión, podemos ver gran cantidad de spot publicitarios que nos piden nuestra solidaridad para que “en estas fechas” ningún niño se quede sin un juguete o para que demos un poco de nosotros para mejorar la vida de los que menos tienen. Y es por eso que no puedo evitar recordar a todas y cada una de las personas que conocí allí porque, a pesar de que pueda parecer extraño, los niños que vemos ahora en las televisiones con la barriga hinchada ¡también existen en AGOSTO!, aunque en esa época no salgan por la televisión.

La ayuda internacional es fundamental para que los ciudadanos de estos países puedan mejorar sus condiciones de vida. Pero es necesario que esa solidaridad que se fomenta en fechas como éstas vaya más allá y suponga un compromiso duradero por parte de todos y todas. Está muy bien mandar un mensaje porque en un maratón de televisión lo están pidiendo personas conocidas o comprar un bolígrafo o una postal navideña cuya recaudación será destinada a estos países, pero si no tomamos conciencia del problema real que allí existe y de otros modos más sostenibles y duraderos de ser solidarios, estos países no conseguirán seguir desarrollándose por sí mismos y aumentando la calidad de vida de sus gentes. Existen numerosas ONGD (organizaciones no gubernamentales para el desarrollo), entre ellas Asamblea de Cooperación por la Paz, que es con la que yo viajé, que realizan un gran trabajo en países en vías de desarrollo. Estas organizaciones trabajan conjuntamente con las propias organizaciones del país, haciendo de éste modo que los proyectos que se realizan respondan a una necesidad real de la comunidad.

Espero que estas palabras os hagan reflexionar y os animo a que os plantéis el por qué de la pobreza de esos países y qué podemos hacer cada uno de nosotros y nosotras para que esas desigualdades entre países “pobres” y países “ricos” se vayan haciendo cada vez más pequeñas.


María Asunción Hinojosa López
Participante en los CCST de ACPP

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